Por Tanhausser
De: Ojo de Buey - http://elhilodepenelope.blogspot.com
España
No es casualidad que la película recuerde a Solas, de Zambrano, quizá la película sobre mujeres que a Almodóvar le hubiese gustado filmar y firmar. La directora tiene una sólida formación audiovisual coronada con unos estudios en la escuela de cine cubana de San Antonio de los Baños, de donde también salió Benito Zambrano. Esa forma de filmar, realista y comprometida, parece constituir un sello de esa escuela, y bienvenida sea evaluando esas dos películas, pues Un novio para Yasmina puede ser perfectamente el "solas" de la inmigración. Esa forma de filmar, y también esa forma de escribir los guiones, pues debe saberse que en la escuela de cine cubana se le da una importancia capital a la elaboración del guión, y de ahí estos excelentes frutos, verdaderas delicatessen para los buenos paladares del verbo y de la construcción de historias.
A mi juicio, hay cuatro aspectos que destacan en la película: la ambientación (junto con la fotografía), la interpretación, la música y el guión. Para quien conozca la realidad de la inmigración agrícola, así sea en el norte de Cáceres, en las Vegas de Badajoz, en Los Monegros, en El Egido, en la fresa de Huelva o en Lleida, los exteriores seleccionados (calles que lindan con el campo en Montijo y Puebla de la Calzada) se ciñen perfectamente a esa realidad, con los canales, los huertos, las calles encaladas, la conflictividad social, el recelo entre todos, el buen trabajo de las sedes sociales de ayuda al inmigrante, etc.
Las interpretaciones son también más que notables, teniendo en cuenta la escasa experiencia de buena parte del casting. Pese a ello, queda asegurada una ficcionalidad dramática, suponemos que en buena medida gracias a la excelente dirección de actores. Es cierto que algunos destacan, como la protagonista, una más que solvente Sanaa Aloui y José Luis García Pérez, sin olvidarse de Mª Luisa Borruel. Pero todos, sin excepción, están más que correctos. Quiero destacar también la excelente pintura de los personajes con muy pocas pinceladas: el hermano de la protagonista, la familia del policía y, por encima de todos, José Luis García Pérez, que construye un personaje que todos reconocemos, el del joven intelectual resentido contra los estudios superiores, antisistema por definición, ropas holgadas, buena gente, borrachín, pedigüeño y fuera de la realidad.
La música está perfectamente ceñida a la película, desde algunos tonos árabes a la melodía principal que suena en diversos momentos de la película, la cual contribuye a generar un tono de comedia ligera a lo que no lo es en absoluto.
Entre los grandes aciertos, yo me quedo por último con el guión, que corresponde a la directora, Irene Cardona y a Nuria Villazán. Qué decir. Los diálogos son estupendos. Ágiles, ingeniosos, populares, realistas. Van al grano y, de vez en cuando, hacen saltar chispas lapidarias por aquí y por allá. Se trata, por tanto, de una magnífica carta de presentación de estas dos guionistas que, con una mirada femenina perceptible, radiografían una realidad incómoda y logran presentarla en una fina cápsula cómica para que pase mejor por la garganta.
¿Una mirada amable? Creo que no. Atrás quedan Bwana o Matrimonio de conveniencia. Esta película debe situarse junto a Flores de otro mundo de Icíar Bollaín (1999). En Un novio para Yasmina, la protagonista, como admiten algunos personajes, no es un dechado de bondades. Lo tiene muy claro. No duda cuando decide renunciar al amor si no se cumplen sus objetivos. Su nuevo marido no le interesa en absoluto pues ve en él un vago redomado. Los conflictos entre los inmigrantes se describen con solvencia, incluso sus recelos y desconfianzas entre ellos. La crítica a la labor de los ayuntamientos es significativa, así como la exposición de un suceso escolar en el que no se toma partido.
Creo que la película, además, presenta unas magníficas posibilidades educativas para ser exhibida primero y explotada después didácticamente en centros de enseñanza secundaria, asociaciones de padres, escuelas de idiomas, talleres, festivales étnicos, etc. En suma, una más que notable ópera prima para esta directora extremeña. Felicidades para ella y para todo el equipo de producción.
Un novio para Yasmina. País: España. Año: 2008. Género: Drama. Duración: 97 minutos. Directora: Irene Cardona. Elenco: Sanaa Alaoui, José Luis García Pérez, María Luisa Borruel, Francisco Olmo, Paca Velardiez, José Antonio Lucía, Hicham Malayo Ben, Alexandra Fran, Fermín Núñez y Olga Lozano. Guión de: Irene Cardona y Nuria Villazán.
En el cine de Shyamalan existen dos elementos omnipresentes: una amenaza (incidente) y un ser humano perplejo, superado por una realidad a la que no puede dar nombre, teoría o terapia que la exorcice. Esa amenaza no está provocada por un ser determinado (ni siquiera en Señales podemos estar seguros de la identidad del ente), ni tiene una razón de ser que nuestra ciencia o nuestro entendimiento pueda descodificar -por mucho que el personaje de Elliot (Mark Wahlberg) busque indicios racionales tras cada suceso, al final deberá claudicar y salir sin red de la casa-. La lectura del incidente se deconstruye sobre la marcha y nunca de forma definitiva o satisfactoria; y aún más, requiere de la apertura emocional de sus atónitas víctimas, que al reconocerse perplejos empiezan a ver más claro (¡pura cuántica!).
Shyamalan posee una lógica más oriental que occidentalizada, y no la disimula en sus narraciones. En Occidente creemos que somos protagonistas activos de nuestras acciones, que todo podemos controlarlo y categorizarlo mediante conceptos, teorías o tecnologías autocomplacientes. Pero esa actitud vital sólo genera más desconcierto e infelicidad. No es de extrañar que el sociólogo Durkheim situara como una de las características del mundo industrializado la anomia y el suicidio como uno de sus consecuencias más devastadoras. Vivimos en una sociedad que está profundamente organizada, racionalizada, pero no cuida las relaciones más cotidianas, las emociones. Esto queda ejemplificado en el personaje de Alma (Zooey Deschanel), que sólo recobra el contacto consigo misma cuando debe cuidar de Jess y cuando ve peligrar lo que en el fondo más quiere. Entonces descubre la necesidad de volver a los afectos más básicos, entonces decide tener un hijo propio. En este sentido es significativa la escena de la comunicación entre la casa y el cobertizo. O la curiosa coincidencia de que los grupos más numerosos se suiciden, y los más tribales y apiñados se salven del mortífero viento. Como excepción a la regla tenemos el personaje eremita del final, pero será precisamente ese aislamiento de los otros lo que acabe con ella. Sólo los que se acercan, los que ponen a tiro sus emociones, pueden eludir al ángel exterminador.








